SUBLIME
SUBLIME No querer crecer, tiene esas cosas. No querer asumir la fugacidad del trayecto. Lo incomprensible del viaje. La estupidez, o la arrogancia, de querer darle un sentido. No querer crecer, retornar eternamente a la casilla de salida, no comprometerse con la carrera, no asumir que existe un final, tiene esas cosas tan dulces, tan atrayentes, tan oscuras o luminosas. Tan locamente alegres. Tan profundamente tristes. Falsas o reales: depende del día, del clima, de tantas variables inasibles. No querer crecer es peligroso. Aunque en ocasiones parezca que merece la pena: hay belleza en ese abismo. Hay belleza y vacío. Amargo, insondable, sublime. Raúl Sá...